Seguramente, no todos pensamos lo mismo al hablar de innovación. Relacionamos ésta con los cambios, los inventos, los descubrimientos, el progreso... Podemos hablar de innovaciones de gran impacto social, y de otras más reducidas en sus efectos. En las empresas, la innovación resulta inexcusable y se refiere tanto a nuevos productos o servicios, como a nuevos métodos o procedimientos, a menudo relacionados con el avance tecnológico; pero, sin duda, encara obstáculos: la innovación ha de vencer resistencias.
Se dice que para una Empresa las raíces son sus directivos, su gente, sus equipos y grupos de trabajo, y los procesos que guían sus acciones. El ambiente es la cultura, la energía, las reglas escritas y no escritas que guían la organización. Centrarse en los detalles sin el cuidado de lo relevante, es peligroso, si se quiere una continua innovación.
Que pasa con las empresas que mantienen sus indicadores, durante largos períodos de tiempo, sin arriesgarse a buscar el cambio de acuerdo a las nuevas necesidades del cliente. La situación de la organización puede haber cambiado tanto, que ciertos indicadores no son adecuados a la actualidad y más aún, si consideramos que los requerimientos de nuestros clientes han estado cambiando.
Debería llevarse a cabo una revisión periódica de los indicadores actuales y ver si siguen siendo pertinentes. Si no lo son, deben ser eliminados o reestructurados por parte de la organización.
Lo que mides es lo que obtienes. Analiza cuidadosamente que quieres medir, en función a lo que necesita la organización. En esa medición se va a invertir tiempo y recursos, por eso evita centrarte solo en los resultados y dale importancia al proceso de la innovación continua.